Perdonandme esta larga ausencia, pero he estado muy atareado y también una temporadita de vacaciones. Ya vuelvo a estar con vosotros. Un saludo a todos
II
5 diciembre 1872 Gibraltar
La inspección al Mary Celeste no duró más de una hora. Los tres hombres se dividieron e inspeccionaron todos los compartimentos de la nave por separado. Los tres volvieron con el mimo rostro manchado de pánico. Los tres pálidos, con las mismas ganas de vomitar, con el mismo deseo de salir cuanto antes de allí pellizcándoles las piernas.
Wrigh y Jonson se limitaron a gruñirse gravemente el uno al otro. Deveau acudía al lugar donde le esperaban los otros dos hombres con la cabeza agachada, con el corazón empujándole en la boca del estómago, con la convicción de que todo lo que había visto en aquella nave sólo podía ser fruto de los demonios.
Toda la tripulación se arremolinó expectante alrededor de los tres hombres que regresaban a la cubierta del Dei Gloria. Nadie se atrevía a abrir la boca para que los testigos les hablaran del Mary Celeste. Tuve que abrirme hueco entre todos ellos haciendo uso de los codos para poder llegar a la altura de Devau. Y una sola mirada de esos ojos inyectados en sangre fue más que suficiente para saber que algo no iba bien.
- La comida estaba caliente sobre las mesas- fue la primera frase que consiguió articular antes de que su cuerpo estallara en temblores que parecía que le partirían en dos- Estaba caliente, echaba humo, la mesa estaba puesta y no hemos encontrado un solo tripulante.
- ¿Ni vivo ni muerto?
- Nada, mi señor. Completamente vacío.
Todos los hombres abrieron los ojos de par en par y contuvieron la respiración al unísono. Se agarraban los unos a los otros de los hombros, y aguardaban con las bocas abiertas a que Deveau continuase con su descripción.
- Había suficientes víveres para una larga travesía. Y agua dulce para una tripulación numerosa. En cubierta encontramos algunos pequeños desperfectos ocasionados por la tormenta de estos días: el trinquete ha desaparecido de la verga, algunas jarcias están enmarañadas y la driza superior está rota. Pero el barco es navegable. Perfectamente navegable.
- ¿Y el diario de a bordo?- indagué con la esperanza de encontrar allí alguna respuesta.
Deveau sacó de su bolsillo un pedazo de papel amarillento, lo desdobló todo lo rápido que permitían sus manos temblorosas, y leyó en alto su contenido:
- “Lunes 3 de diciembre. A las 5 llegamos a la isla de St Mary, en dirección ESE. A las 8, la punta este estaba al SSO, a 3 km de distancia…” Eso es todo lo que se puede leer- y me extendió el papel con su mano derecha- Igualmente no hay ni rastro del cronómetro ni del libro de navegación. Aquí ha pasado algo muy raro, mi señor, algo muy raro.
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