Las calles ya dejaron de quererme.
Están ahora estrechas y húmedas para otro.
Para otro sus labios están pintados.
Los huesos limpios.
El guiño del semáforo. Farolas
que le aguardan despiertas
como me aguardaron a mí en su día,
o la puerta de la alcoba entornada,
mi foto en la basura, toda la ciudad
dispuesta a hacerle el amor
hasta que despierten los gorriones
o les inunde el olor a café recién hecho.
Octubre 14, 2007 at 8:44 am
O cuando la triste melancolía se hace poema…
Un abrazo!
Octubre 27, 2007 at 3:59 pm
Quizá con el amanecer las calles vuelvan a querernos… eso me gustaría.
Octubre 27, 2007 at 10:20 pm
Mientras leía me iba imaginando como sería tal cosa que relatas, muy bonito ^^ Me gustó.
Saludossssssssssssss