Si te quedas a nadar en tus charcos
nada de “yo sapo” con ropa limpia
ni ”tú princesa” con luz de lámpara
y barriendo para tu caja de galletas.
Nada de finales felices.
Nada de quemar tu puerta cerrada,
para mirar, como si nada, a un horizonte
que pretende convertirnos en estatuas de sal.
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