HISTORIA DE UN BESO (parte 4)

La tarta no era de chocolate. Estaba hecha completamente de miedo. Por lo menos ese era su sabor una vez la metías en la boca y masticabas. Miedo, miedo, miedo, miedo… mil veces el sabor a miedo resbalando por la garganta una vez se dejaba caer al estómago.
La señora Candi enumeraba uno a uno los ingredientes necesarios para que al abrir la puerta del horno después de 45 minutos, apareciera esa flamante tarta redonda de miedo. Chocolate. Mucho chocolate que antes habría de derretirse en una cacerola a fuego lento. Chocolate. Azucar. Mucha azucar. Huevo. Por lo menos doce. Harina de repostería, mantequilla de la de cocinar, un sobrecito de levadura, y agua del grifo. Todo mezclado por esas manos regordetas,daba como resultado alquímico una enorme y jugosa tarta de miedo hacia los extraños.
Si comía aquella pequeña porción de tarta de miedo era porque mamá obligó a entrar a la señora Candi a casa. La obligó a sentarse en el sillón rojo del salón. Me obligó a sentarme en el sillón rojo del salón, junto al enorme cuerpo de la señora Candi. Nos obligó a comer un pedazo de esa tarta de bienvenida a los dos. Y ahí estabamos , con un plato blanco entre las manos, mirando el trabajo silenciosos de las arañas, y masticando asquerosamente un pedazo de tarta de miedo, un pedazo que no se hubieran comido ni siquiera las ratas que llenaban las calles del pueblo.

– Qué edad tienes, bonito- me preguntó la señora Candi entre bocado y bocado.

Busqué la mirada de mamá. Busqué en su gesto la necesidad de contestar a aquella pregunta. Busqué el labio superior arrugado en su rostro que vendría a ser el sinónimo de contesta-a-la-pregunta-o-te-encierro-en-el-cuarto-oscuro. Y ahí estaba el labio superior de mamá más levantado que nunca. Contesta-o-te-encierro-en-el-cuarto-oscuro.

– 13 años- no me gustaba que me encerraran en el cuarto oscuro- 13 años- contesté a aquella mirada saltona que bien parecía la mirada saltona de un sapo que teme durante la noche el hecho de encontrarse a ningún ser viviente en mitad de su camino.

Lágrimas. Muchas lágrimas saliendo de aquellos ojos saltones de sapo. Lágrimas azules y desgastadas. Decir trece años y se puso a llover en el salón. Y las lágrimas manchaban el suelo. Hacían charco en el suelo de piedra. Mojaban la piel rota del sofá rojo. Me mojaba a mi de los tobillos a la cabeza. Me llenaban la boca de un líquido salado. Le llenaba la boca a mamá de un líquido salado que la hacía moverse espasmódicamente sobre la silla a causa de las arcadas. La señora Candi lloraba.

– Trece años- repitió ella entre los hipitos del llanto- Los mismos trece años que tenía mi hija Luana.

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3 comentarios en “HISTORIA DE UN BESO (parte 4)”

  1. sonambula Says:

    Luana hacía visitas desde el otro mundo. Qué lástima que la Sra. Candi no apreciara la presencia de su hija. El miedo no la dejaba sentir que estaba más cerca de lo que creía. Un hermoso cuento, brillantemente escrito, lleno de significados. 🙂

  2. JUJE Says:

    Quizas ahora Luana tendría un nuevo amigo.

    Muy bueno, muy dinamico…Coincido con Sonambula, brillante

  3. botón Says:

    mmm tarta de miedo con sabor a chocolate
    Chocolate y sal. Miedo y lágrimas.
    Es magnífico tu relato.

    Un abrazo!


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