Enfermedad

Le quedan a usted seis meses. El doctor no me miró a los ojos. Eso todavía lo recuerdo. Mas o menos seis meses, lo recuerdo de la misma forma que recordaré siempre esa sensación de mareo en la boca del estómago, esas ganas de vomitar revoloteando ahí abajo, lo tiene en un estado muy avanzado, el suelo bailando a tu alrededor, la bata blanca del doctor apestando a amoniaco, es un tipo de glaucoma muy agresivo, una vez enferman células se extiende rápidamente, el sudor frío brotando en el rostro, resbalando por el rostro hasta la barbilla, goteando al suelo y rompiéndose en mil pedazos, las gotas de sudor repiqueteando contra el suelo, amplificadamente repiqueteando contra el suelo de plaqueta, usted decide, yo decido que nada de esto sea verdad, que me rescate de una vez por todas el despertador para volver al trabajo, que vuelva a abrir los ojos como si descosiera un pespunte que uniese los dos párpados, que pueda dar el beso de buenosdías a Rafael, que todo esto se haya acabado y no sea mas que un mal sueño, dejarlo como está y utilizar fármacos paliativos  es una de las opciones, combatir el dolor y poco más, debería sonar a las siete en punto, iluminarse en azul y acelerar el ritmo hasta que yo misma lo desconectase presionando la tecla negra, no es la que yo  le aconsejo, la habitación vestida de negro, la persiana echada hasta el suelo, ni un ápice de luz entre las cuatro paredes dormidas, la otra opción, Rafael dormido profundamente a mi lado, la sábana ascendiendo y descendiendo movida por el impulso sosegado de su pecho, comenzar ahora mismo con la quimioterapia, el tacto frío del suelo dormido bajo los pies, la pereza dormitando en las telarañas de mis axilas, de mis ojos cosidos, cuanto antes empecemos más opciones de éxito, el café caliente, el pan tostado con mantequilla y mermelada, el primer cigarrillo del día, ¿qué posibilidades tengo de recuperarme?,  el noticiario suavecito en el televisor de la cocina, el frío aguijoneando los huesos al cambiar el pijama por la ropa que descansaba sobre el radidador, repasar una y otra vez la presentación de la nueva campaña de publicidad para ese nuevo cliente inglés, es pronto para asegurarle nada, tal vez más adelante… ánimo, es jueves, sólo queda un madrugón más para el fin de semana,¿ tal vez dentro de seis meses? Puede que para mi sea demasiado tarde. El miedo. El miedo. Siempre el miedo a que este pueda ser el último fin de semana. 

Las siete en punto. Suena el despertador. La habitación está completamente a oscuras, las paredes estiran los brazos y se desperezan. Rafael respira rutinariamente a mi lado. Todavía noto como el miedo se me arracimaba en las fosas nasales. Una nueva ojeada el despertador para confirmar la hora. El sudor de la almohada está frío al tacto. Este sudor siempre termina oliendo a miedo. 

Otra vez esa maldita pesadilla me estaba haciendo llorar sobre la almohada. 

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4 comentarios en “Enfermedad”

  1. JUJE Says:

    ouch…
    buen final

  2. Luis Muñoz Says:

    hola… Lo leí sin apuro quizás por la hora o por el día; sin el remolón del lunes o el cansancio del viernes.
    Mientras lo releía, pensé, que hubiera sido que el personaje ya estuviera muerto, luego de un momento cuando el pensamiento le hubo dado la vuelta a mi cabeza, pensé otra vez (y esto debe ser por la hora, que funciono mejor en las noches de insonnio), que pasara si el personaje estuviera muerto y es un fantasma que todas las noches, desde que murio cuenta su agonía.

    Ya han pasado algunos minutos desde que terminé el comentario, y creo que Pedro Páramos tiene demasiada influencia en quienes lo leen.

    Saludos,
    Buen relato.

  3. botón Says:

    Tus relatos prenden de principio a fin.
    Como éste, en el que sólo al final el lector se atreve a dar un respiro de alivio.

    🙂

  4. sonámbula Says:

    Una pesadilla que se hace realidad muchas veces para muchas personas. Esto es así y no hay nada más. El tiempo se acabará para todos, sólo que es mejor no saberlo.

    Por cierto, hace más o menos un mes encontré una web dónde, introduciendo tu fecha de nacimiento, peso, sexo y dependiendo de si eras o no fumador, te salía la fecha exacta de tu MUERTE. Decidí olvidar el año y el día… solo recuerdo el mes: Mayo.

    Me estoy enrollando… Lo que quería decirte es que es un gran relato, como siempre Desegundos. Nos tienes pegados a la pantalla deseando conocer el final de cada una de tus historias

    Un beso 🙂


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