La reina de las sombras

Aquí os dejo el relato completo para que no os perdais en la lectura. Además lo he retocado un poco.

En casa es de noche. Todo es más sencillo bajo esta oscuridad, bajo este manto de sombras con que he decidido cubrir toda la casa, cubrir toda la superficie de los muebles, cubrir el silencio que crece como los hongos en la humedad que se arracima en cada uno de los rincones.La casa es vieja, pero vestida de luto tiene otro talante. Parece una joya victoriana a punto de desmenuzarse sobre una colina completamente verde. El negro lo cubre todo en el interior como el maquillaje tapa la evidencia de una cara demacrada, la evidencia de una delgadez enfermiza, de la decrepitud de los cimientos y los muros y las paredes de papel.Sé que este color no le gusta a la casa pero me trae sin cuidado. Me gusta a mí y es suficiente. Les gusta a mis pequeños. Gracias a él sobrevivimos y conseguimos pasar desapercibidos al exterior. Esa es la verdadera razón de criar las sombras entre hojas de morera, dentro de las cajas de zapatos, para después liberarlas y que inunden con sus alas todas las habitaciones.No consentiría que de nuevo nos volviesen a echar de nuestro hogar. Que una nueva orden judicial nos empujara a abandonar la casa como si fuésemos delincuentes, huyendo de noche por las entrañas de una ciudad que volvía la cabeza para no ver la injusticia que se cometía con nosotros. Nadie hizo nada por evitarlo.Pero ese episodio es ya parte del pasado. No volvería a suceder nada similar si se podía impedir, si esta decisión de vivir como fantasmas ayudaba a  que nadie detectara nuestra presencia. De ahí la eterna oscuridad en la que fermentamos.……..Prohibido entrar o salir de la casa. De la oscuridad. Todo lo que necesitamos está aquí. De este lado. Entre estas cuatro paredes llenas de mordiscos. Yo misma me encargo de salir una vez a la semana y comprar lo imprescindible para seguir adelante. Salgo vacía y regreso con bolsas repletas de comida y de periódicos viejos que me guarda el mendigo de la puerta del supermercado. Con ellos cubro todo el suelo de la casa y tapo de alguna manera el olor cada vez mas fuerte a excrementos y al amoniaco del orín.Nadie debe intuir que la vieja casa abandonada de la colina verde tiene inquilinos. Mucho menos saber de la existencia de mis pequeños. Ello significaría que volverían a intentar separarnos. Volverían a golpear nuestra vida para hacerla escombros, desmoronarla, enterrarnos como entierran todo lo que no son capaces de comprender.Todavía me quema en los ojos el día que entraron  los servicios sociales en la antigua casa del centro de Madrid. Entonces éramos más de veinte. El más pequeños de mis niños apenas tenía tres meses. Se lo arrebaté a la madre en un descuido mientras le amamantaba en un parque. Le metía conmigo en la cama por las noches para proporcionarle calor. Le masticaba el alimento hasta que quedaba hecho una papilla consistente para aplacarle el hambre cada pocas horas. El pobre no aguantó la huida en mitad de la noche. Nos vimos obligados a abandonar el piso de la calle Montera para que no nos llevaran a cada uno por un lado. Y eso le costó la vida.Para cuando conseguimos ocultarnos en la casa deshabitada de la colina, el pequeño estaba frío entre mis brazos. No comprendí muy bien porqué había ocurrido, el echo es que estaba allí, convertido en un témpano y rígido como la madera, con los ojos vidriosos y la lengua amoratada. Fue la primera vez que les di ese tipo de carne a mis pequeños. Aquel acto de canibalismo se convertía en una manera de no olvidar a un hermano, en una manera de que continuase entre nosotros, y por supuesto, en una solución para que no encontraran el cuerpo y se convirtiera en una pista que les trajera hasta nuestro nuevo escondite. ………Ya sólo quieren carne. No cualquier carne que se pueda comprar en el supermercado de la esquina. Sólo quieren carne de la suya. El paladar ya no les admite el sabor de otros tipos de comida, y el estómago cuando rechina es por que les está reclamando más de lo mismo.No todos los días muere uno de ellos para poder alimentar con su cuerpo a los hermanos. Y todo a pesar de que no dejo de recoger nuevos pequeños que encuentro por todas partes. En los sitios más insospechados. Ya perdí la cuenta de todos los que nos escondemos entre las mismas paredes y el espacio empieza a escasear en las tres plantas que componen aquel escondite.Aún así ninguno de ellos debe salir de la vivienda. Sólo yo lo hago rutinariamente para acercarme andando hasta el hospital de San José. El de las paredes blancas. Está más o menos cerca de la casa, a unos quince minutos andando, y me pego lo suficiente a la paredes para que nadie repare en mí. Los contenedores están en la fachada oeste. Una fila de veinte cubos gigantes con las tapas amarillas me aguardan todos los días repletos de bolsas de basura. Repletos de los despojos de las operaciones, de los cordones umbilicales de los recién nacidos, de los miembros amputados de los enfermos con problemas de circulación…Una manera como cualquier otra de alimentar a mis pequeños.…..La cosa se está complicando. Cada vez están más hambrientos. No hay comida suficiente para todos. Creo incluso que los más fuertes se alimentan de los que están enfermos. Es la única manera que tienen los pobrecillos de sobrevivir.Yo estoy encerrada. Hace días que no puedo salir a buscarles comida. Mi habitación es el único habitáculo seguro que queda en toda la casa. Llevo tiempo sin probar bocado y me empiezan a fallar las fuerzas. Mis pequeños han empezado a verme como comida. He sufrido varios ataques que a poco consiguen matarme. Estoy acorralada tras esta puerta sin poder asomar la cabeza más allá de ella.Creo que son cientos los que me esperan ahí afuera. Pueden olfatearme y los oigo deambular día y noche esperando para hincarme el diente. Pero no les reprocho nada. Todo es culpa mía por no haber sabido mantener la casa, mantener a mis pequeños.………..Tengo un hambre terrible. Tengo sed. Ignoro lo que podré resistir dentro de este cuadrado de ladrillos viejos.………. Sé que no me queda mucho.Soy consciente de que mi final es acabar  siendo devorada por mis propios gatos.

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2 comentarios en “La reina de las sombras”

  1. Botón Says:

    ufffff pobre reina gata… se intuye su destino…
    el que ella misma se ha ido tejiendo…

    Un abrazo!

  2. Juje Says:

    woow…ha sido bueno…


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