Las calles ya dejaron de quererme.
Están ahora estrechas y húmedas para otro.
Para otro sus labios están pintados.
Los huesos limpios.
El guiño del semáforo. Farolas
que le aguardan despiertas
como me aguardaron a mí en su día,

o la puerta de la alcoba entornada,
mi foto en la basura,
toda la ciudad
dispuesta a hacerle el amor
hasta que despierten los gorriones
o les inunde el olor a café recién hecho.

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3 comentarios en “”

  1. Botón Says:

    O cuando la triste melancolía se hace poema…

    Un abrazo!

  2. sonambula Says:

    Quizá con el amanecer las calles vuelvan a querernos… eso me gustaría.
    🙂

  3. xarleen Says:

    Mientras leía me iba imaginando como sería tal cosa que relatas, muy bonito ^^ Me gustó.
    Saludossssssssssssss


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